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Llega el momento de preparar un documento gráfico y como cualquier elemento que lo compone, la tipografía no se deja al azar.

Como diseñadora, no me veo yo abriendo el gestor de fuentes y diciendo: ¡Venga, esta misma! 

La mayor parte de las veces, la tipografía es un elemento que se trabaja en segundo plano en relación a otros elementos visuales, pero una buena elección de la misma ayuda a hacer más relevante el contenido de un documento editorial, un cartel, una web, incluso un logotipo cuya base es totalmente tipográfica, … Por otro lado, una mala tipografía puede “cargarse” la lectura del documento y lograr perder la atención del lector.

 

¡Las fuentes también tienen sentimientos!

La utilización de la tipografía tiene que ofrecer experiencia de usuario.

La tipografía tiene que llegar al nivel emocional guiando al lector hasta el final de la gráfica y que éste se sienta identificado en el contexto. A la hora de elegir la fuente nos preguntamos: ¿Qué queremos transmitir?, y la fuente nos va a ayudar a conseguir la expresión estética que interese: sobria, divertida, infantil, terrorífica, …; todo ello sin olvidar que la lectura debe ser cómoda y sencilla.

 

Por ejemplo, una tipografía con bordes redondeados es, normalmente, más “agradable”. Aquellas con estructura más geométrica y bordes marcados (sans serifs) suelen transmitir fortaleza y fuerza, y si buscamos elegancia o sofisticación elegiremos un tipo con serifa.

ejemplo-sansserif-serif

Cuando nos encontramos en la etapa de seleccionar tipografías para una composición gráfica, es recomendable utilizar fuentes que sean legibles para producir un diseño eficaz. Por otro lado, a nuestro cerebro le cuesta procesar varias tipografías; este es el motivo por el que se recomienda usar dos o tres fuentes como mucho, con las variantes básicas de su familia tipográfica (regular, negrita y cursiva) y jugar con los distintos pesos.

 

¿Y por qué necesitamos negritas y cursivas?

Partiendo de un texto con una tipografía regular, tanto las negritas como las cursivas van a ofrecer diferentes formas de destacarlo. Tanto la una como la otra van a sugerir énfásis, y esto va a ayudar al lector a captar mejor el contenido fijándose en estos textos clave.

 

Aunque ¡ojo!, debido a que las dos van a destacar el texto, es recomendable utilizar una u otra para remarcarlo. Por norma general, el texto en cursiva sugiere citas o títulos de obras. La negrita se suele utilizar para aplicar una jerarquía en los textos (por ejemplo en encabezados, títulos, subtítulos, … para diferenciarlos del texto general que suele ir en regular).

Desde 2016, también nos encontramos con los tipos variables que se encuentran en formato OpenType. Estas fuentes ofrecen cambios de la tipografía permitiendo que esta contenga multiples variaciones estéticas en la misma y rompa con los formatos rígidos de las fuentes en formato ttf.

ejemplo-variable

No es oro todo lo que reluce

Son muchas las fuentes que se pueden encontrar de forma gratuita en las diferentes web, donde destacamos Dafont, pero ¡Ejem, Ejem!… hay que leer las licencias.

No todas son aptas para su uso comercial, ya que muchas de ellas son demos.

¿Y que pasa con las demos? Pues que a veces, no funcionan en formatos impresos.

Esto significa que cuando se realiza el pdf para impresión la fuente no se incrusta y al abrir en otro equipo o al mandarlo a plancha ¡puf! la fuente es sustituida por otra y… la hemos liado.

 

Google Font, herramienta mayoritaria para el uso de fuentes, nos ofrece mayor seguridad, aunque igualmente hay que leer las licencias de las fuentes que vamos a usar.

 

Hasta el momento Google Font no traía instrucciones básicas para el uso de la tipografía, pero desde hace unos meses, Google lanzaba Google Fonts Knowledge. Site educativo como complemento perfecto para elegir y usar la tipografía correctamente en cualquier medio.

 

Google Fonts se han dado cuenta de que no tenía mucho sentido poner a disposición de los usuarios grandes cantidades de tipografías de calidad sin ofrecer también unas mínimas nociones acerca de cómo usarlas” Ana Moliz. Revista Gráfica.

 

¿Y por qué necesitamos negritas y cursivas?

Partiendo de un texto con una tipografía regular, tanto las negritas como las cursivas van a ofrecer diferentes formas de destacarlo. Tanto la una como la otra van a sugerir énfásis, y esto va a ayudar al lector a captar mejor el contenido fijándose en estos textos clave.

 

Aunque ¡ojo!, debido a que las dos van a destacar el texto, es recomendable utilizar una u otra para remarcarlo. Por norma general, el texto en cursiva sugiere citas o títulos de obras. La negrita se suele utilizar para aplicar una jerarquía en los textos (por ejemplo en encabezados, títulos, subtítulos, … para diferenciarlos del texto general que suele ir en regular).

Desde 2016, también nos encontramos con los tipos variables que se encuentran en formato OpenType. Estas fuentes ofrecen cambios de la tipografía permitiendo que esta contenga multiples variaciones estéticas en la misma y rompa con los formatos rígidos de las fuentes en formato ttf.

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En resumen, el uso de las tipografías tiene su aquel. Para su correcto uso… pregunte a su diseñador experto.